25
Jun
07

Reseña Countdown 47 y 46

por Arturo Sarmiento

Historia: Paul Dini con Sean McKeever (47) y Dini con Jimmy Palmiotti y Justin Gray (46)
Arte: Tom Derenick (47) y Jesus Saiz y Jimmy Palmiotti (46)

Suficiente de Countdown. Esta historia no tiene pies ni cabeza, sus tramas difícilmente ha avanzado algo desde el inicio de la serie, aún no se puede vislumbrar hacia donde se dirige esta historia y realmente no importa. Que alguien me despierte cuando inicie la siguiente crisis.

¡ADVERTENCIA! La siguiente reseña contiene detalles sobre la trama que pueden arruinarte la experiencia de leer este número.

El número 47 inicia con cosas raras sucediéndole a Jimmy Olsen… ¿fue eso un deja vu? Y esa escena supone que debe ser suficiente para mantenernos intrigados hasta el siguiente número, porque en este no vuelve a aparecer Olsen. En el número 46 lo vemos discutiendo sus sueños con Lois Lane y discuten la posibilidad de que se relacionen con hechos pasados entre Jimmy y los nuevos dioses. Momentos después Olsen se dirige a Suicide Slum, unos de los peores vecindarios de Metropolis, debido a una nota que le fue enviada para reunirse con alguien en ese lugar.

Ese alguien resulta ser Sleez, un antiguo sirviente de Darkseid, quienes algunos recordarán de las viejas historias de John Byrne, donde a través de sus poderes mentales, Sleez obliga a Big Barda a filmar películas pornográficas y eventualmente trata de que co-protagonize una de ellas con Superman. Digo, solo lo intentó, ya que el rendimiento de Supes dejo mucho que desear. Puedes leerlo todo aquí.

Sleez decide buscar a Olsen porque está dispuesto a revelarle un secreto muy importante, pero justo entonces es asesinado (apuesto a que nadie esperaba un giro dramático tan original…) por una luz brillante, la cual clama “Y así comienza el fin”.

¡Saluden todos a una nueva trama! Siempre hay lugar para una más en Countdown, así que Holly Robinson salta al vagón, arribando a Metrópolis ya que en ciudad Gótica es buscada por las autoridades, ataviada casi con el mismo disfraz que Selina utilizó en su última visita a Metrópolis. Ni bien recién llegada a la ciudad del hombre de acero, a Holly le es ofrecido un empleo (¡a eso llamo primer mundo!) pero ella lo rechaza, pues al parecer prefiere pasar el tiempo en Suicide Slum, junto a traficantes y prostitutas (bueno… ¿quiere el empleo o no?).

Black Adam se pone superficialmente profundo con Mary y después de golpearla un poco le transfiere sus poderes. ¿Por que lo hizo? No lo sé, tal vez solo extrañaba verla en minifalda y con su pecho ampliado. Entonces Mary se va a pasear con su nuevo vestido y sus nuevos poderes por Ciudad Gótica y somos sometidos a un dialogo interno como este:

“El cielo canta. El relámpago ruge como una sinfonía de tambores, como si la atmósfera fuera apretada sobre el planeta y martilleada con los puños de los dioses. Siento las nubes rozar entre ellas y el peso de la energía que cargan al girar por el aire alrededor de mí… para mí”.

Cualquiera juraría que Mary nunca tuvo poderes antes… ¿o es acaso una indicación de que ahora los disfruta más que antes? ¡Claro! Viste de negro, así que su alma se va oscureciendo poco a poco, o algo así. Seguro que por ello disfruta tanto aplastando a un demonio al arrojarle un auto.

Bleh…

Ah, y Mary, querida: el relámpago destella, el trueno ruge.

Los Rogues de Keystone City se la viven de fiesta, conviviendo con prostitutas y saliendo a cenar con sus trajes de villanos puestos. Por cierto que esta escena fue calificada por varios de “tarantinesca”, aunque la comparación me parece superflua. Como sea, la discusión sirve de pretexto para que Mirror Master y Pied Piper se agarren a golpes mientras los demás apuestan en el resultado de la pelea. El pleito es detenido cuando Captain Cold e Inertia aparecen para llevarlos a todos a hacer un trabajo. Supongo que ya todos sabemos cual es. Juro que esta historia que sucede solo entre villanos es lo mejor que existe en las páginas de Countdown. Deberían hacerla una serie independiente.

Los monitores deciden que asesinar a todas las anomalías es el mejor curso de acción a tomar, así que envían a su arma secreta, Forerunner, el precursor, la cual se dirige a Washington, D.C., donde se encuentran Donnay Troy y Jason Todd, después de que las amazonas se retiraran del lugar, frente al monumento a Washington (¿acaso no fue derribado en el último número de Wonder Woman?). El asunto a tratar: el mismo de los números anteriores. En ese momento son atacados, y fácilmente dominados, por Forerunner.

¿Quién es Forerunner? Pues es un nuevo personaje, uno de esos que son creados sin pensar, diseñados para patear traseros en su introducción y después ser derrotados de la forma más tonta posible. Bueno, eso es lo que supongo. Preferiría que hubieran utilizado a algún otro personaje ya existente; me molesta la introducción de personajes nuevos que después terminan siendo carne de cañón.

Básicamente eso es lo que sucede en estos dos números, todo lo demás es relleno. El arte es bueno, aunque no excepcional. Las portadas tampoco sobrepasan ese nivel, incluso la de Benes, aunque no son malas en si. Como es de notar, si hay algo que me provoquen estos ejemplares es indiferencia.

Y así comienza el fin. La cuenta regresiva termino para mí.

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